Mar 9, 2008
PeiT

¡Está ahí! ¿Por qué no lo veis?


Gracias a Kepler se sabía que las órbitas debían de ser elípticas, sin embargo esto sería sólo si cada planeta fuera el único dando vueltas en torno al Sol. En la realidad, todos los planetas influyen en los movimientos de sus vecinos estelares y son influidos por estos por lo que su recorrido no es perfectamente elíptico y no se podía predecir su posición con exactitud. Esto cambió con la Ley de la Gravitación Universal de Isaac Newton. Usando la mecánica clásica, también fruto del genio de Newton, y aplicando las correcciones a las leyes de Kepler que introduce la Ley de la Gravitación los astrónomos fueron capaces de predecir con gran exactitud las órbitas de los cuerpos celestes conocidos teniendo ya en cuenta la influencia de unos sobre otros.

Entonces apareció Urano. Sobre un músico y astrónomo de la corte de Jorge III, William Herschel, recae el honor de ser el descubridor de esta enorme bola de hidrógeno. Propuso llamarlo La Estrella de Jorge pero la idea no caló fuera de Gran Bretaña. Conforme se fueron obteniendo mediciones de la órbita del nuevo planeta, iba quedando claro que no se movía como se debería mover. Urano se salía de la carretera. Saturno y Jupiter habían presentado algunas diferencias en sus órbitas respecto a lo que la teoría predecía pero en el caso Urano la diferencia era escandalosa. El enigma estaba servido y fueron muchos los científicos que se lanzaron a intentar dar con la solución. Hubo quienes afirmaban que las leyes de Newton no funcionaban a partir de determinadas distancias. Otros, más sensatos, supusieron que debía haber otro planeta, que aún no habíamos descubierto, y que estaba modificando la órbita de Urano.

Fuente: Un barco más grande | Leer más

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Vía: menéame

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