“Kilroy was here”. Esta pintada pudo verse en multitud de sitios, en los frentes europeo, pacífico y africano. Estaba dentro de los búnkeres, en las casas, en los carros enemigos destruidos. Obviamente, un único Kilroy no pudo haber estado en tantos sitios. Los soldados norteamericanos lo ponían en las paredes al tomar una posición alemana o japonesa, para expandir el mito, y en parte para combatir la desesperación de la lucha con un poco de humor.[...]

Tras la guerra, un fabricante de coches convocó un concurso para escubrir al verdadero Kilroy, al que lo había empezado todo.[...]
Parecía que el concurso iba a quedar desierto, cuando el auténtico Kilroy por fin se dio a conocer.[...]

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