Antes de seguir adelante me gustaría disipar un error conceptual muy común acerca de los agujeros negros: pese a lo que hemos visto en incontables películas, los agujeros negros no son de ninguna manera aspiradoras cósmicas que se tragan todo lo que se les acerca. Si en este momento el Sol se convirtiera en un agujero negro (es decir, si se comprimiera hasta alcanzar su radio gravitacional), no notaríamos ningún cambio (fuera de que nos daría mucho frío y estaría muy oscuro). La Tierra seguiría en su órbita tan campante, sin alterarse. Los agujeros negros sólo resultan peligrosos si uno se aproxima mucho, a distancias cercanas al radio gravi-tacional. En el caso del Sol tendrías que acercarte a unos tres kilómetros, pero no a tres kilómetros de la superficie actual del Sol, sino a tres kilómetros del centro del Sol si toda su masa estuviera concentrada en un punto.
Un agujero negro es mucho más que un simple hueco en el espacio. En su interior las propiedades del espacio y del tiempo se alteran de maneras insólitas. La frontera del agujero negro está marcada por su radio gravitacional, también conocido como el horizonte de eventos.Para entender lo que ocurre en el interior del agujero negro, imagínate que te acercas en una nave espacial y que un amigo te observa con un telescopio desde una distancia prudente.
A medida que te aproximas al horizonte de eventos tú no notarás nada especial, pero tu amigo verá que el tiempo en tu nave transcurre cada vez más lentamente. Si, por ejemplo, tu amigo pudiera verte por televisión, notaría que todo en la nave sucede como en cámara lenta. Este fenómeno se conoce como dilatación gravi-tacional del tiempo y ocurre de forma modesta en cualquier campo gravitacional.
La dilatación gravitacional del tiempo se ha medido incluso en la Tierra utilizando relojes atómicos, pero el efecto es imperceptible en la vida diaria porque el campo gravitacional terrestre es simplemente muy débil. Cerca de un agujero negro, sin embargo, el efecto es tan grande, que cuando llegas al horizonte de eventos tu amigo ve que el tiempo en tu nave se detiene por completo. Vistas las cosas desde lejos, tu nave se queda congelada para siempre en el umbral del agujero negro, sin entrar. Esta propiedad de los agujeros negros fue una de las primeras en descubrirse y llevó a los científicos de la primera mitad del siglo XX a llamar a estos objetos estrellas congeladas, pues pensaban que si el tiempo no transcurría visto desde fuera, no había nada más que discutir.Pero como se supo después, la historia no termina ahí. Si bien es cierto que tu amigo, que se encuentra a una distancia conveniente del agujero negro, ve que el tiempo deja de transcurrir para ti al llegar al horizonte, desde tu punto de vista no ocurre así. De hecho, tú no notas nada especial al llegar al horizonte y lo cruzas como si nada. Una vez dentro, sin embargo, observarás (quizá con cierta preocupación que pronto se convertirá en terror) que no importa qué potencia apliques a los motores de la nave, no puedes evitar acercarte más y más al centro del agujero negro. Dentro del agujero negro la estructura del espacio y el tiempo se altera de una manera difícil de creer (y de imaginar): espacio y tiempo intercambian papeles, de modo que el transcurrir del tiempo resulta equivalente a moverse en el espacio. La única dirección posible en el interior de un agujero negro es hacia el centro. No hay fuerza en la naturaleza capaz de detener el paso del tiempo, y por lo mismo ninguna nave espacial, por más potente que sea, puede evitar caer al centro del agujero negro una vez que ha cruzado el horizonte de eventos.
Si entonces miraras hacia atrás, verías desarrollarse ante ti todo el futuro del Universo en cámara super rápida: el Sol se apaga, la vida en la Tierra desaparece y el Universo muere en un instante. Ya no puedes enviar ningún mensaje a tu amigo pues ya no hay amigo a quien enviarlo. Al cruzar el horizonte te desconectas por completo y para siempre del Universo exterior. Por eso la frontera del agujero negro se conoce como horizonte de eventos: ningún evento que ocurra en el interior, por más violento que sea, puede afectar al exterior.
