A: Mi primer impulso fue estrangularle con el cable del teléfono.
B: ¿Pero…?
A: Mi teléfono es inalámbrico.
B: Ah, los odio. Donde esté un buen cable.
A: Así que decidí quitarme el cordón de uno de los zapatos.
B: ¿Pero…?
A: Pero le dio tiempo a huir, claro. Bueno, en realidad no huyó. O huyó de forma bastante tranquila. Teminó el café, bostezó durante mucho rato y salió a la calle silbando.
B: Ah, cómo odio a esa gente que sabe silbar y te lo restriega por la cara.
A: Cuando acabé de quitarme el maldito cordón salí a la calle tras él, pero el zapato se me caía todo el rato. Le dio tiempo a escaparse calle arriba. Caminando. Parándose a mirar en un escaparate.
B: Calle arriba. Encima estaba en buena forma.
A: Entonces volví a poner el cordón en el zapato, para recobrar velocidad y, por qué no, elegancia, y corrí también calle arriba.
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Vía: El Teleoperador


