Genial esta tira de Ctrl+Alt+Del que Ion Litio se ha molestado en traducir.

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Uno que ha jugado demasiado al GTA.
Buenísima esta tira de ¡Eh Tío!, no os la perdáis.
El sistema hace uso de una tecnología de reconocimiento facial de última generación que comprueba el número de arrugas, la estructura de los huesos y la forma de la cara para determinar la edad del individuo que tiene ante sí. Si considera que es menor de 20 años, le solicita que aporte algún documento que pruebe su edad, como por ejemplo el carné de conducir. De no hacerlo, no le vende tabaco.
Los meses transcurridos desde su puesta en funcionamiento habían demostrado la fiabilidad de la máquina, por lo que las empresas que hay detrás del TIOJ han decidido encargar la fabricación de más unidades a Fujitaka. Pero, pero, pero… vaya por dios, resulta que esta semana un avispado periodista acaba de descubrir que esa tecnología que parecía invulnerable tiene un pequeño fallo. Bueno, a decir verdad no es tan pequeño.
Y es que hay una manera de engañar al sistema de reconocimiento facial. Basta con coger una revista en la que salga la cara de una persona adulta y ponerla justo delante de la cámara. Ésta analiza el rostro del sujeto en cuestión, comprueba que tiene la edad requerida y da el visto para realizar la compra del paquete de tabaco. Así de simple
Hoy hace un siglo, la cuenca del río Tunguska amaneció con una ensordecedora explosión que mucha gente pudo escuchar desde 800 kilómetros de distancia –la existente entre Barcelona y Jaén–. La onda expansiva arrasó 2.150 kilómetros cuadrados de bosque, una extensión equivalente a la isla de Tenerife. Unos 80 millones de árboles sucumbieron a su embestida y se desplomaron en la dirección de avance del frente. La deflagración calcinó la flora y la fauna de la región, y devastó Vanavara, un pequeño poblado situado a 60 kilómetros. Un hongo de polvo y cenizas se alzó hasta los 15 kilómetros de altitud y originó una lluvia de oscuros copos en toda la zona. Por la noche, un cielo 100 veces más brillante de lo habitual permitió a los habitantes de cientos de ciudades europeas como Londres, Berlín o Burdeos, leer la prensa o tomar fotografías sin luz artificial.
Las convulsiones políticas de Rusia en esa época retrasaron 19 años la primera expedición a la región. Esta estuvo capitaneada por el minerólogo Leonid Kulik. "Cuando Kulik vio por primera vez la magnitud del fenómeno, sintió tal congoja que retrocedió a por más ayuda", narra Salvador Ribas, investigador del Departamento de Astronomía y Meteorología de la Universitat de Barcelona, y director científico del Parc Astronòmic Montsec. "El minerólogo atribuyó el desastre a la caída de un asteroide, pero nunca encontró restos de hierro meteórico", añade.