Durante los ataques, varios bombarderos americanos fueron abatidos, aunque varios de sus tripulantes fueron rescatados por el submarino USS Finnback (entre ellos el Teniente George H. Bush, futuro Presidente de los EEUU, y padre del actual Presidente), 8 tuvieron la fatal suerte de ser capturados por los japoneses. Contraviniendo todas las normas relativas a prisioneras de guerra, estos 8 aviadores fueron ejecutados y parcialmente comidos por oficiales nipones, en un estremecedor ritual que aún hoy pone los pelos de punta.
Oficiales de alto rango del Ejército de Tierra, al mando de las tropas japonesas de Chichi Jima, ofrecieron una cena a sus homónimos de la Marina, y además del tradicional arroz y sake, les ofrecieron como aperitivo los hígados asados de algunos de los prisioneros americanos. Como agradecimiento a tan macabro detalle, los propios oficiales de Marina devolvieron poco más tarde el gesto a los de Tierra ofreciéndoles a su vez otra cena donde el plato estrella volvieron a ser los órganos cocinados de los prisioneros restantes.
