Buenísimo post de Berto.
A principios del verano pasado me gustaron estas sandalias, y me las compré:
Llámale compulsión consumista, llámale que necesitaba calzado de verano. Eran de una marca alemana, y eso me inspiró confianza. Son gente eficiente. A las pocas horas de calzarlas, su duro cuero comenzó a sajarme la piel, irritándola primero y haciendo herida más tarde. Tendrán que darse de sí, pensé. Tracé un mapa de tiritas en mis pies, estratégicamente dispuestas de modo que protegieran las zonas de contacto directo con la piel. Doblé y redoblé con las manos las tiras de cuero con la intención de ablandarlas.






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